La propuesta consiste en una instalación de sitio específico construida a partir de fragmentos textiles intervenidos mediante prácticas de grabado expandido, esténcil y collage. Cada pieza, retazo, impresión, huella, funciona como una unidad autónoma y al mismo tiempo, como parte de un sistema abierto que se activa en el momento del montaje. No existe una composición previa cerrada. La obra se resuelve en el espacio, a partir de decisiones situadas, contingentes, sensibles a la arquitectura que la recibe.

El proyecto se mueve desde la lógica del grabado tradicional hacia un territorio móvil y blando. Las telas cosidas, superpuestas o apenas yuxtapuestas, operan como capas de memoria donde se inscriben gestos repetitivos, matrices orgánicas y ritmos visuales. La reiteración de formas no busca estabilizar un motivo, sino tensionar la percepción entre lo reconocible y lo abstracto, entre la figura y el rastro.

En el espacio expositivo, los módulos se disponen directamente sobre muros, esquinas y posibles accidentes arquitectónicos, configurando un recorrido que no es lineal sino envolvente. La instalación crece por adición y contacto. Las piezas se tocan, se solapan o se interrumpen, generando zonas de densidad y de respiro. Esta organización responde a una lógica casi orgánica, donde la composición emerge como un “campo” más que como una imagen total.

El carácter aleatorio del montaje no implica arbitrariedad, sino apertura. Cada versión de la obra es única y responde al diálogo con el sitio. La arquitectura no es un soporte neutro, sino un agente activo que condiciona tensiones, escalas y relaciones cromáticas. Así, la instalación propone una experiencia situada, donde el espectador percibe la obra como un entramado en transformación, un tejido que se adapta, se expande y se reconfigura.

Desde un enfoque discursivo, el proyecto indaga en la idea de superficie como archivo inestable. Las marcas, las transparencias y los restos de impresión sugieren procesos acumulativos, donde el tiempo queda sedimentado en capas. La materialidad textil introduce una dimensión corporal que se opone a la rigidez del muro, generando un contrapunto entre lo estructural y lo flexible.

Composición inestable propone, en definitiva, una pintura expandida que se desplaza hacia lo instalativo, donde la imagen deja de ser centralizada para convertirse en un territorio fragmentario.

La obra no se contempla desde un único punto de vista, sino que se recorre, se descubre y se reconstruye en la experiencia del espectador, invitándolo a habitar un espacio en constante reorganización.